Ya estamos en 2026.
El calendario ha cambiado y, casi sin darme cuenta, he cruzado una puerta invisible. No hubo ruido por dentro, ni grandes fuegos artificiales. Solo ese silencio especial que acompaña a los comienzos de verdad.
Antes de lanzarme a este nuevo año, he sentido la necesidad de hacer una pausa. Una pausa honesta. Mirar atrás no para quedarme allí, sino para reconocer el camino recorrido. Porque el año que quedó atrás no fue solo tiempo que pasó: fue vida que me atravesó.
Cuando repaso el año anterior, aparecen escenas muy distintas. Algunas luminosas, sencillas, casi insignificantes a primera vista. Otras más pesadas, más difíciles de sostener. Y todas, sin excepción, me han ido dando forma.
No todo fue fácil. Eso lo sé bien.
Hubo momentos en los que el cansancio se instaló sin avisar. Días en los que avanzar parecía ir demasiado lento. Días en los que me pregunté, en silencio, si esto también era parte del proceso. Y aun así, seguí. A mi manera. A mi ritmo.
Durante muchos meses, me acompañaron distintas palabras.
Constancia fue una de las primeras. Aparecía en cada ejercicio repetido, en cada mañana en que el cuerpo no respondía como quería pero igual me levantaba. Fue necesaria, sí. Pero también aprendí a no volverla exigencia.
Después llegó motivación. Y me di cuenta de que no siempre está. Que hay días en que simplemente no aparece, y que eso también es parte del camino.
Y en medio de todo, poco a poco, fue emergiendo una palabra más silenciosa. Casi tímida. Una que no empuja, pero acompaña.
Presencia.
Presencia fue estar ahí, incluso cuando no entendía nada. Fue mirar mis propias manos sin juzgarlas. Sentarme en el cansancio sin pelearme con él. Escuchar lo que el cuerpo decía, aunque no me gustara. Fue quedarme.
Con el paso del tiempo, empiezo a entender que el año me enseñó cosas que no habría elegido aprender, pero que hoy valoro. Me enseñó a respetar los límites. A no forzar cuando algo pedía pausa.
Aprendí que no todo se soluciona rápido.
Que hay procesos que no admiten atajos.
Que la paciencia no siempre llega sola, pero se va construyendo viviendo.
También aprendí a mirar distinto lo cotidiano. A agradecer lo que antes daba por hecho. Un día tranquilo. Una conversación sin prisas. Un momento de calma en medio del ruido. Cosas pequeñas que, ahora lo sé, sostienen más de lo que imaginaba.
No quiero idealizar el año que terminó. Hubo pérdidas, miedos, decepciones. Hubo expectativas que no se cumplieron y planes que se desdibujaron. No lo escondo. Forma parte de la historia. Pero incluso ahí, en lo que dolió, quedaron semillas.
Semillas de autoconocimiento.
De humildad.
De una mirada más compasiva hacia mí mismo.
Por eso, al empezar este 2026, siento gratitud.
Una gratitud serena, sin euforia.
Gracias por todo lo vivido. Por lo que salió bien y por lo que me obligó a parar. Por las personas que estuvieron y por las que, al irse, dejaron una enseñanza.
No cierro el año anterior con la sensación de “haber llegado”, sino con la certeza de haber avanzado. Y eso, hoy, es suficiente.
Ahora miro al año que comienza sin grandes promesas. Sin listas interminables. Sin exigencias que pesen más que la ilusión. No quiero empezar corriendo. Quiero empezar presente.
Este nuevo año no lo siento como una página en blanco, sino como una continuación. Llego a él con una mochila llena de experiencias, aprendizajes y cicatrices que también cuentan. No necesito ser otro. Me basta con seguir siendo, con más conciencia.
Entro en 2026 con una ilusión tranquila.
La ilusión de seguir descubriéndome cuando bajo el ritmo.
De seguir cuidándome mejor.
De seguir viviendo con más verdad y menos ruido.
No sé qué traerán los próximos meses. Y está bien así.
Hoy no necesito controlarlo todo. Me basta con estar abierto, con caminar atento, con agradecer el paso que estoy dando ahora.
Quizá empezar bien el año no sea proponerse grandes cambios, sino reconocerse en el camino recorrido y decirse, en voz baja: “estoy haciendo lo mejor que puedo”.
Y con eso, es más que suficiente.
Empiezo este 2026 agradecido.
Lo vivo con ilusión.
Y sigo, paso a paso, siendo.